Estando en Roma, el suizo Joseph Blatter, mandamás de la FIFA desde 1998, anunció que una vez concluido su periodo en 2011, se presentará a una nueva reelección, que de ser conseguida le daría un cuarto periodo al mando del ente rector del fútbol mundial, cargo que “heredo”; perdón quiero decir en el que “reemplazo” al brasileño Joao Havelange, que presidió la FIFA entre 1974 y 1998.

Blatter declaró a la prensa: “Mi misión en el fútbol todavía no está completa, necesito más tiempo…El fútbol es mi vida”. Blatter también aprovechó la oportunidad para recibir la candidatura conjunta de Portugal y España para realizar el mundial del 2018 y para justificar un poco el hecho de que solo hacia el final se haya conocido la decisión (para mi gusto poco equitativa) de que existieran cabezas de serie par el sorteo del repechaje europeo y que estos se definieran por el no muy objetivo ranking FIFA. “debería haberse anunciado antes…estamos aprendiendo y en 2014 habrá cambios. Estarán los mejores y si alguien se lo pierde es porque no se lo merece”, añadió Blatter.
Desde mi punto de vista la idea de que una persona se quede demasiado tiempo al mando de cualquier estamento, a la larga termina siendo perjudicial para este, pues ya sea que la gestión sea buena o mala (para mi gusto la de Blatter no llego a ser ni una ni otra cosa), genera dependencia y evita que la institución cambie con la celeridad que exige el mundo. Lamentablemente los dirigentes del fútbol no lo entienden así y en promedio nunca se quedan menos de 2 décadas en el puesto. Para muestras nombres como Havelange, Nicolas Leos, Grondona, etc. Ya sería hora de tomar medidas y crear reglamentos que no permitan esta suerte de dictaduras futbolísticas.