Tras la merecida clasificación de la selección chilena al mundial, conseguida oficialmente el último sábado con una brillante victoria de visita sobre la selección colombiana, Marcelo Bielsa se ha convertido en el indiscutible ídolo de todos los chilenos; puesto, que por lo demás ya ocupaba hace varios meses, pero que hoy por hoy va más allá de la gran admiración llegando casi al culto, con hinchas que no dudan en afirmar (casi en serio) que merece ser canonizado.

Y es que tras 12 años, en los que la selección chilena no solo no había asistido a los mundiales, sino que había sido una de las peores de Sudamérica, esta clasificación brillante con grandes victorias de visita y con un juego alabado por todos, ha sido uno de los más grandes logros chilenos de las últimas décadas, superando incluso en el sentir popular al crecimiento económico logrado por el país sureño. Quizás sea algo exagerado querer canonizar a Bielsa, pero no hay duda de que su trabajo merece cuando menos ser admirado.
Bielsa es de los pocos técnicos en el mundo que ha probado que su sola presencia puede convertir a una selección mediocre como era la chilena, en un equipo que trata bien al balón y que es capaz de enfrentar de igual a igual a casi cualquier selección del mundo. Sin embargo aunque la gran responsabilidad de esta actualidad de la selección mapocha es del argentino, no todo el mérito es suyo. En Chile la dirigencia supo conseguir a un buen entrenador y respaldarlo a pesar de un comienzo incierto. Los jugadores también tienen una gran responsabilidad, pues siempre se notó en el equipo chileno un compromiso con el técnico y con el proyecto, que no se vio en varias otras selecciones sudamericanas y que no se había visto en la propia selección chilena en anteriores procesos. Bielsa y el fútbol chileno han demostrado una vez más que el trabajo serio y el compromiso con un objetivo pueden ser suficientes para equiparar situaciones en las que se parte con desventaja.