Si a principios de la eliminatoria sudamericana o incluso hasta hace unos 6 meses, a alguien se le preguntaba, por los equipos que lucharían por el cuarto y quinto lugar, creo que difícilmente se hubiera encontrado dentro de las respuestas el nombre de Argentina y es que nadie podía imaginar que una selección con tanta historia y con tan rutilantes figuras, fuera a estar luchando de manera tan desesperada por un cupo en un torneo, en el que por lo general su participación siempre se da por descontada.
Ciertamente desde la última Copa América, en que los argentinos cayeron rotundamente ante Brasil en la final, ya se tenían indicios de que el equipo argentino tenía importantes falencias en varias de sus líneas que se fueron haciendo más visibles, sobre todo desde la salida de Crespo del equipo y que se ahondaron cuando Riquelme decidió renunciar a él; pero teniendo un plantel tan rico, no se pensaba que estos problemas pudieran amenazar la clasificación de los albicelestes; uno imaginaba que de seguir en esa línea, el equipo argentino tendría graves problemas en el mundial, sin embargo no se esperaba que sufriese tanto en la etapa eliminatoria.
Pero tras un comienzo dentro de lo normal, partido a partido, se fue notando que esta selección argentina tenía problemas incluso mayores que la falta de un verdadero 9 ó la baja estatura que en general, es la norma en este equipo. Ya en los últimos días de Basile como entrenador, se notó que el grupo estaba partido y que los problemas en la cancha tenían su origen y extensión en los vestuarios, en donde la lucha de egos parecía ser el principal dilema. Así lo demostró después la renuncia de Basile, y tiempo después la de Riquelme.
Quizás por eso, Grondona sabiendo que el mayor problema del equipo pasaba por lo extra futbolístico, sorprendiendo a medio mundo, decidió poner al mando de la selección a Maradona, un tipo del que de por sí no se esperaba demasiado como estratega, pero del que se podía esperar un mayor liderazgo, por su ascendencia en cualquier estamento del fútbol argentino; además al tener a Bilardo como asistente de seguro se esperaba que fuese el técnico campeón en 1986, el que se encargara de la mayor parte del peso de la estrategia; pero lamentablemente para el aficionado argentino, Grondona se equivoco.
Maradona sin duda tuvo mayor liderazgo e influencia en el seleccionado de la que llegó a tener Basile, pero jamás logró resolver los conflictos internos, como lo evidenció la salida de Riquelme, además el Pelusa, por lo visto no le delego a Bilardo ninguna de sus funciones como técnico, con las desastrosas consecuencias que vemos hoy en día, pues si con Basile el equipo termino jugando mal, hoy con Maradona ya no juega a nada.
Y es que a pesar de sus buenas intenciones, su grandioso pasado como jugador y su obvio amor por la camiseta albiceleste, Maradona no es entrenador, jamás se preparo para serlo y por lo visto hasta ahora tampoco tiene pasta para ello. Maradona piensa como hincha y de ahí que en cada partido intente hacer algo distinto, haciendo debutar a jugadores que por mucho futuro que tengan, no tienen ahora los pergaminos para ponerse la albiceleste, dejando de lado a elementos con mayor calidad y experiencia, o convocando a jugadores que ya cumplieron su ciclo en la selección.
Esa mezcla de factores, que ya se había visto contra Ecuador en Quito y que se hizo más evidente contra Brasil en Rosario, fue absolutamente obvia ayer en Paraguay, pues si contra los brasileños la derrota era dolorosa por ser Brasil, contra Paraguay, fue humillante, no porque Paraguay sea un mal equipo (todo lo contrario), sino porque siendo el guaraní un elenco evidentemente inferior al argentino en lo individual, termino pasando por encima (a pesar lo escueta de la diferencia en el marcador) a una Argentina que simplemente no sabía que hacer en el campo de juego, demostrando claramente, que en fútbol con sumar grandes nombres no basta.
Y es que el elenco argentino ayer contra los guaraníes, más que nunca fue solo una suma de once hombres, cada uno intentando ser el salvador de su selección por su cuenta y en esas condiciones ni 5 Messis y 5 Agüeros, podrían haber nunca vulnerado el arco de Villar. La falta de trabajo y conceptos tácticos en Argentina fue tal, que Maradona termino usando a Schiavi de delantero, en un síntoma de que más allá del discurso motivador del técnico, no se había trabajado ningún plan de contingencia durante la semana.
No obstante, como normalmente solo sucede con los grandes equipos, a pesar de todo lo antes mencionado, Argentina todavía depende de sí misma para ir al mundial, pues si gana sus dos partidos, en Buenos Aires contra Perú y en Montevideo, contra un Uruguay probablemente ya eliminado, los albicelestes estarán por lo menos en el repechaje, en el que enfrentarían a Costa Rica, selección que sin ser un mal equipo y a pesar de lo mal que esta Argentina, difícilmente (yo diría que es casi imposible) eliminara a los albicelestes en un encuentro uno contra uno. Sin embargo, y aunque sigo creyendo que Argentina estará en el mundial, creo que el mayor favor que le podría hacer Maradona a su selección en este momento, es dejar un poco su orgullo de lado y dar un paso al costado.