Ayer en un partido con una gran cantidad de ingredientes atípicos y una gran dosis de polémica se definió el Clausura 2009 en la Argentina, un torneo que fue dominado por Vélez, Huracán y Lanús y que tuvo a estos dos últimos definiendo el título. Vélez que llegaba al partido con un punto menos que Huracán recibía al equipo de Kappa con la imperiosa necesidad de ganar para quedarse con el título, mientras que a Huracán, con un empate le alcanzaba para tocar la gloria.
El polémico gol de Vélez
En medio de un clima de final sazonado durante la semana previa por la amenaza de la gripe AH1N1, que se ha extendido por la Argentina, los 2 equipos más regulares del campeonato se enfrentaban en Liniers. Vélez había sido el equipo más sólido y que había demostrado más carácter y Huracán por su parte, fiel a la filosofía de su entrenador, había sido el equipo que mejor jugo. No existía un gran favoritismo, pero la mayor historia de Vélez y la ventaja de jugar de local hacían suponer que el equipo de Gareca estaba un poco más cerca del título que Huracán.
Sin embargo el partido comenzó bastante parejo y con muy pocas llegadas claras en uno y otro arco; pero los equipos no terminaban de pararse en el terreno, cuando ocurrió la primera anomalía de la tarde, una inesperada granizada, obligo en el minuto 18 a suspender momentáneamente el encuentro; pues las rocas que caían del cielo hacían imposible continuar jugando. Entonces el partido debió ser parado por alrededor de media hora.
Tras la para obligada y el enfriamiento corporal y mental que ella supone, fue Huracán el que pareció enchufarse más rápido al partido y los primeros instantes amenazaron con convertirse en un monólogo del equipo de Kappa, pero ahí nomás una escapada por la izquierda de Vélez acabó con una falta penal a favor de los locales. El uruguayo Rodrigo López fue el encargado de ejecutar el penal, pero su remate débil fue contenido por el portero Monzón, para la alegría de su hinchada.
Tras el penal errado, el partido no sufrió un cambio radical en su trámite aunque si hay que decir que Vélez obligado por su necesidad de victoria empezó a llevar las riendas del partido, pero sin ser un dominador absoluto, el equipo de Gareca tenía el control del balón y obligaba a que el partido se jugase fundamentalmente en cancha de Huracán pero no tenía la profundidad como para llegar con peligro al arco de Monzón.
Por su parte Huracán se dedicaba sobre todo a defenderse, casi sin pasar sustos, pero sin demostrar nada de ese fútbol que había hecho que se le considere como el equipo que mejor jugaba en el campeonato argentino. El equipo de Kappa se mostró más bien lento y sin ideas y adelante Defedérico y Pastore, los llamados a crear peligro en el arco rival, estuvieron casi desaparecidos y salvo alguna contra poco afortunada, Huracán casi no piso el área de Vélez. Aunque en su descargo y en el de todos los jugadores, habría que decir que el mal estado de la cancha tampoco ayudaba mucho a jugar al fútbol.
En ese contexto y con muy pocas ideas se siguió jugando un partido que estaba cantado para el cero a cero. Gareca ya conciente de que el título se le iba de las manos, decidió enviar al terreno a Larrivey, un jugador fuerte y luchador, pero con poca técnica que anunciaba que Vélez aceptaba que ya no tenía más ideas y que iba a comenzar a inundar el área de Huracán a pelotazos. Y así comenzó a suceder y el dominio de Veléz se hizo a partir de entones casi absoluto aunque igual de inofensivo. Pero entonces justamente en un pelotazo, llegaría uno de los errores arbítrales más grandes y groseros que se haya visto en los últimos años.
Un pelotazo fue piboteado en el borde del área para la entrada de Larrivey, pero el piboteo le quedo largo y fue a parar a las manos del arquero Monzón, el delantero de Veléz que iba en pos del balón no paro su arremetida y termino pateando claramente al arquero de Huracán, haciéndolo soltar la pelota, que le quedo a Maximiliano Mórales que con el arco a disposición no dudo en marcar; mientras todas las miradas se centraban en el árbitro Brazenas, que en complicidad con su juez de línea se comió una falta más grande que el estadio, en un error de tamaño de un título.
Desde mi punto de vista rara vez se puede hablar de injusticia en el fútbol, pero la de ayer lo fue. Es cierto que Vélez había sido un poco más en el partido y que el famoso toque de Huracán ayer no existió; pero el error de Brazenas al convalidar una jugada a todas luces ilegítima terminó por arrebatarle a Huracán el título. El partido termino después en una vergonzosa sucesión de incidentes extra futbolísticos con ocultamiento de balón y conatos de bronca incluidos. Y lo que debió ser una gran final término deviniendo en un triste espectáculo con poco de fútbol y mucho de polémica.
Es Vélez un campeón justo? Es difícil responder a esa pregunta, pues este tipo de campeonatos son la suma de muchos partidos a lo largo de una campaña y no solo el resultado de un encuentro, que aunque haya tenido sabor a final, lo cierto es que solo era un partido más de esa campaña. Y en ese sentido, Veléz fue un equipo muy regular y para mi gusto un poco más sólido que Huracán. Además la verdad es que los campeones morales no existen y que dentro de 10 años poco se sabrá del error de Brazenas y que la historia recordara solo al campeón del Clausura 2009, que se llama Vélez Sarsfield, aunque hoy su campeonato suene un poco a robo.